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¿Escucha WordPress a sus usuarios? ¿Por qué Gutenberg? La gobernanza y el poder de decidir hacia dónde va el CMS

¿Qué está pasando en wordpress?

WordPress nació y creció alrededor de una idea especialmente atractiva: software libre, una comunidad enorme y la posibilidad de construir prácticamente cualquier tipo de web manteniendo el control sobre ella.

Pero con los años WordPress también se ha convertido en un proyecto gigantesco. Y cuando una comunidad alcanza semejante tamaño aparece una pregunta incómoda: ¿quién decide realmente hacia dónde debe ir WordPress? ¿Matt Mullenweg? Porque una cosa es que cualquiera pueda participar y otra muy distinta que todos tengan la misma capacidad para influir. Gutenberg probablemente sea el mejor ejemplo de ello.

Ocho años de Gutenberg y más de 8 millones de instalaciones de Classic Editor

Gutenberg llegó al núcleo de WordPress con WordPress 5.0 en diciembre de 2018. Desde entonces han pasado casi ocho años. Tiempo suficiente para que los usuarios se acostumbrasen al nuevo editor, para que los desarrolladores adaptasen sus herramientas y para que aquella resistencia inicial desapareciese. O eso cabría esperar…

Sin embargo, en 2026 el plugin oficial Classic Editor continúa teniendo más de 8 millones de instalaciones activas. No son 8.000. Ni 80.000. Son más de 8 millones de instalaciones de WordPress que tienen instalado un plugin cuya principal finalidad es recuperar la experiencia de edición anterior a Gutenberg.

Classic Widgets, que restaura el sistema tradicional de widgets, supera además los 2 millones de instalaciones activas. Y Disable Gutenberg, desarrollado por terceros específicamente para desactivar Gutenberg, supera las 500.000. No podemos sumar esas cifras y concluir que existen 10,5 millones de sitios diferentes rechazando Gutenberg porque, evidentemente, habrá instalaciones que utilicen varios de esos plugins simultáneamente. Pero los números permiten plantear una pregunta bastante razonable:

¿Cuántos millones de usuarios tienen que instalar una herramienta para recuperar el funcionamiento anterior antes de considerar que quizá no estamos simplemente ante usuarios que se resisten al cambio?

Gutenberg puede gustarte. Puede incluso parecerte extraordinario. Ese no es realmente el problema.

Gutenberg podría haber sido una opción

WordPress podría haber evolucionado hacia un modelo en el que diferentes formas de trabajar conviviesen dentro del CMS. Podríamos tener un editor clásico, un editor de bloques y una edición completa del sitio y permitir que administradores, desarrolladores y usuarios decidiesen qué modelo se adapta mejor a cada proyecto.

Sin embargo, WordPress tomó otra dirección. Gutenberg dejó de ser simplemente un nuevo editor para convertirse progresivamente en la arquitectura alrededor de la que gira el futuro de WordPress. La propia hoja de ruta oficial sigue estructurada alrededor de las cuatro fases de Gutenberg: edición, personalización, colaboración y multilingüe.

Lo clásico, mientras tanto, necesita plugins para seguir funcionando como antes. El mensaje implícito termina siendo extraño para un proyecto que históricamente ha defendido la libertad del usuario: puedes elegir cómo utilizar WordPress siempre que tu elección coincida con la dirección en la que hemos decidido llevar WordPress.

Y la cuestión resulta todavía más interesante cuando descubrimos que incluso se está discutiendo la futura depreciación del bloque clásico y TinyMCE. Quizá dentro de unos años Classic Editor siga teniendo millones de instalaciones. Pero la dirección del proyecto seguirá siendo Gutenberg. ¿En qué momento una preferencia mantenida durante años por millones de instalaciones pasa de considerarse resistencia al cambio a considerarse una elección legítima?

¿Quién decide realmente el futuro de WordPress?

Aquí entramos en un asunto bastante menos visible. Cuando pensamos en WordPress solemos imaginar una enorme comunidad internacional de voluntarios aportando código, traducciones, documentación o soporte durante su tiempo libre. Y eso existe. Miles de personas han dedicado incontables horas a WordPress sin recibir nada a cambio y buena parte de lo que es hoy el proyecto sería imposible sin ellas.

Pero esa no es toda la historia. Existe también Five for the Future, una iniciativa mediante la cual empresas patrocinan contribuidores para trabajar en WordPress. Eso significa que existen personas cuya jornada laboral consiste, total o parcialmente, en contribuir a WordPress. Automattic, por ejemplo, aparece como uno de los grandes patrocinadores del proyecto, pero no es ni mucho menos la única empresa. Otras compañías del ecosistema financian igualmente horas de sus empleados para trabajar en Core, Gutenberg, Polyglots, documentación, plugins y otras áreas.

Y pagar a personas para desarrollar software libre no tiene absolutamente nada de malo. Al contrario. Un proyecto del tamaño de WordPress necesita profesionales que puedan dedicarle tiempo. El problema interesante aparece cuando hablamos de gobernanza.

El voluntario de dos horas contra el profesional de cuarenta

Imaginemos dos desarrolladores con exactamente la misma capacidad. Uno tiene una empresa, clientes y proyectos que mantener. Le gusta WordPress y consigue dedicar dos o tres horas semanales a contribuir. El otro trabaja para una empresa que le permite dedicar 40 horas semanales a WordPress. Después de varios años la diferencia será enorme. El segundo habrá participado en cientos de reuniones, conocerá personalmente a buena parte de los contribuidores habituales, habrá revisado innumerables tickets, conocerá los procedimientos internos, acumulará historial de contribuciones y probablemente habrá obtenido responsabilidades y permisos dentro del proyecto.

No hace falta ninguna conspiración para que ocurra. Es simplemente la consecuencia natural de un sistema en el que la influencia está relacionada en buena medida con la participación continuada. Formalmente podemos seguir diciendo: «Cualquiera puede participar en WordPress». Y será cierto. Pero participar no significa necesariamente tener capacidad real para cambiar su dirección.

Cuando para conseguir esa influencia necesitas años de reuniones, Slack, GitHub, Trac, revisiones, conversaciones y contribuciones constantes, quienes tienen financiado ese tiempo parten inevitablemente con una ventaja enorme frente al voluntario. La propia documentación de Five for the Future presenta además como uno de los beneficios para las empresas participantes la posibilidad de tener voz en el desarrollo de WordPress y representar las necesidades de sus clientes. Es lógico. Pero también deberíamos poder preguntarnos qué consecuencias tiene.

Cuando una dirección se vuelve prácticamente irreversible

Aquí volvemos a Gutenberg. Después de tantos años, Gutenberg ya no es simplemente una decisión sobre un editor. Hay miles de tickets, componentes, APIs, documentación, desarrolladores, diseñadores y años de trabajo construidos alrededor de él. Llegados a este punto, reconsiderar profundamente esa dirección tendría un coste gigantesco.

También existe un factor inevitablemente humano. Si has dedicado cinco, seis u ocho años de tu carrera profesional a construir una determinada arquitectura, difícilmente vas a ser completamente neutral cuando alguien plantea que quizá esa no debería ser la dirección principal del proyecto.

No significa que exista mala fe. Significa que aparece algo habitual en proyectos enormes: la dependencia de trayectoria. Cuanto más hemos invertido en una decisión, más difícil resulta cuestionar esa decisión. Y poco a poco una dirección que originalmente podía discutirse termina convertida simplemente en «el futuro de WordPress».

Las traducciones muestran otro síntoma del mismo problema

Algo parecido puede observarse en Polyglots. En teoría, el sistema de traducciones de WordPress está muy bien planteado. Existen responsables, validadores, glosarios, guías de estilo y procedimientos cuyo objetivo es conseguir traducciones consistentes y de calidad. Pero cuando observamos lo que ocurre realmente encontramos situaciones bastante difíciles de justificar.

Traducciones erróneas que permanecen durante años. Cadenas cuestionables que terminan propagándose entre diferentes locales. Criterios que cambian dependiendo de quién revise una traducción. Y diferencias entre variantes de un mismo idioma cuya utilidad real resulta en ocasiones discutible.

Lo hemos podido comprobar comparando las traducciones españolas del núcleo de WordPress. Hay variantes que comparten porcentajes enormes de cadenas idénticas o con una similitud superior al 90 % respecto a es_ES. Por supuesto que existen diferencias entre el español de España, México, Argentina, Venezuela, República Dominicana o Chile. Y esas diferencias deben respetarse.

La pregunta es otra: ¿estamos localizando las diferencias que realmente existen o estamos creando diferencias simplemente porque hemos decidido mantener cada localización como un universo independiente?

Cuando el esfuerzo disponible es limitado quizá sería más beneficioso compartir una base extremadamente sólida y mantener únicamente las diferencias lingüísticas necesarias. Eso permitiría concentrar recursos en mejorar traducciones, mantener terminología coherente y evitar que errores o decisiones cuestionables se propaguen entre locales. Porque crear más estructura no significa necesariamente producir mayor calidad.

El problema de los pequeños grupos permanentes

Gutenberg y Polyglots pueden parecer asuntos completamente diferentes. Pero quizá compartan un problema. En una comunidad gigantesca y aparentemente horizontal, un grupo relativamente pequeño de personas que permanece durante muchos años puede terminar acumulando una enorme capacidad para determinar qué se considera correcto.

No necesariamente porque alguien haya decidido apropiarse del proyecto. Simplemente porque son quienes están siempre allí. Participan en las reuniones. Responden en Slack. Revisan las propuestas. Obtienen permisos. Conocen los procedimientos. Deciden qué se acepta y qué no. Y forman a quienes llegan después.

El resultado puede convertirse progresivamente en una cámara de resonancia en la que resulta cada vez más difícil plantear caminos diferentes. Esto tampoco es exclusivo de WordPress. Sucede en asociaciones, comunidades de software libre, organizaciones y prácticamente cualquier estructura humana suficientemente longeva. El problema aparece cuando confundimos que una comunidad sea técnicamente abierta con que su poder esté realmente distribuido.

ClassicPress tomó otro camino

Precisamente Gutenberg provocó una de las bifurcaciones más interesantes de WordPress. ClassicPress nació cuando una parte de la comunidad decidió que no quería seguir la dirección que WordPress estaba tomando. Durante algún tiempo fue fácil considerarlo simplemente como «WordPress sin Gutenberg». Pero el proyecto ha seguido evolucionando.

ClassicPress mantiene la filosofía clásica mientras incorpora compatibilidad con nuevas versiones de PHP, mejoras de rendimiento, seguridad, optimizaciones de traducciones, mejoras en la biblioteca multimedia y modernización de diferentes componentes. Su planteamiento resulta interesante porque demuestra algo que en ocasiones parece imposible dentro del proyecto principal: se puede modernizar WordPress sin que Gutenberg tenga que convertirse necesariamente en el centro de todo.

ClassicPress no necesita competir con WordPress en número de usuarios para demostrarlo. Su mera existencia demuestra que había otro camino posible.

Retraceur propone algo todavía más curioso

Y recientemente tenemos otro proyecto que merece atención: Retraceur. Su planteamiento es prácticamente el inverso al de ClassicPress. Retraceur no pretende volver al WordPress clásico. Mantiene la arquitectura moderna basada en bloques y elimina diferentes elementos heredados, pero al mismo tiempo está realizando algo mucho más radical: desvincular progresivamente el CMS del entramado de WordPress.org.

El proyecto elimina referencias y llamadas a servicios de WordPress.org, sustituye servicios externos vinculados históricamente al ecosistema y limpia diferentes dependencias. Por eso resulta especialmente interesante comparar los tres proyectos.

WordPress dice: el futuro pasa por Gutenberg.

ClassicPress responde: podemos modernizar el CMS sin Gutenberg.

Retraceur plantea: podemos conservar la parte moderna del CMS sin necesitar todo el ecosistema institucional construido alrededor de WordPress.org.

Tres interpretaciones distintas de una misma base tecnológica. Y quizá esa sea precisamente una de las mejores cosas que pueden ocurrirle al software libre.

Un fork también es libertad

Durante años hemos escuchado que una de las grandes ventajas del software libre es precisamente que, si un proyecto toma una dirección con la que no estás de acuerdo, puedes tomar el código y continuar por otro camino. Eso es exactamente lo que estamos empezando a ver.

Y puede ser saludable. WordPress tiene todo el derecho a apostar por Gutenberg. Sus responsables pueden considerar que esa es la mejor dirección posible. Los desarrolladores que llevan años trabajando en Gutenberg tienen igualmente derecho a defender el resultado de su trabajo. Pero los usuarios también deberían poder decir: «Esto no es lo que quiero de mi CMS». Sin ser tratados automáticamente como personas que no entienden el progreso o simplemente se resisten al cambio. Más de ocho millones de instalaciones de Classic Editor deberían, como mínimo, invitarnos a escuchar esa opinión.

WordPress.org tampoco funciona únicamente por amor al arte

Hay además otra imagen que convendría desterrar. WordPress es software libre, pero alrededor de WordPress existe una enorme economía. Hosting, plugins, temas, agencias, servicios, WooCommerce, formación y empresas enteras dependen de él. Y una parte de las personas que contribuyen al proyecto lo hace profesionalmente mediante empresas que financian esas contribuciones.

Hasta servicios fundamentales para la comunidad tienen patrocinadores corporativos. Esto no invalida WordPress. Ni convierte automáticamente sus decisiones en decisiones empresariales. Pero sí hace bastante ingenua la imagen de un grupo completamente horizontal de voluntarios tomando decisiones exclusivamente «por amor al arte». Existe dinero. Existen empresas. Existen intereses. Existen carreras profesionales. Existe influencia. Y existen también miles de voluntarios.

La cuestión no debería ser demonizar ninguna de esas cosas, sino asegurarnos de que la estructura de gobierno del proyecto reconoce que existen y establece suficientes contrapesos.

Quizá el problema no sea Gutenberg

Después de todo, Gutenberg puede ser solamente el síntoma más visible. El verdadero problema puede estar en cómo un proyecto abierto gestiona el poder cuando alcanza semejante tamaño. ¿Cómo evitamos que quienes llevan más tiempo terminen siendo prácticamente inamovibles? ¿Cómo permitimos que una opinión minoritaria dentro de Slack pueda representar, sin embargo, a millones de usuarios fuera de Slack? ¿Cómo sabemos si una decisión representa a la comunidad o simplemente a la parte de la comunidad que tiene tiempo para participar en su estructura? ¿Cómo impedimos que los contribuidores profesionalizados tengan, aunque sea involuntariamente, mucha más capacidad de influencia que quienes contribuyen gratuitamente? ¿Cómo revisamos decisiones tomadas hace diez años? ¿Y qué mecanismos existen para decir simplemente: nos equivocamos? Son preguntas bastante más importantes que decidir si nos gustan los bloques.

WordPress sigue siendo software libre, aprovechemos precisamente eso

A pesar de toda esta crítica, probablemente la conclusión más interesante sea también la más positiva. WordPress continúa siendo software libre. Y precisamente por eso existen ClassicPress y Retraceur. Precisamente por eso podemos instalar Classic Editor. Precisamente por eso un desarrollador puede modificar WordPress, crear un plugin que elimine aquello que le molesta o incluso tomar el código completo y construir otro CMS.

Quizá durante demasiado tiempo hemos confundido WordPress con WordPress.org. El código es libre. La dirección del proyecto oficial es otra cuestión. Y si WordPress.org decide seguir un camino cada vez más determinado alrededor de Gutenberg, quienes pensamos que podrían existir alternativas no tenemos necesariamente que convencer a todo el entramado para cambiarlo. Podemos escoger otro camino.

Porque al final esa era precisamente una de las promesas fundamentales del software libre: la libertad no consiste en que todos tengamos que estar de acuerdo, sino en que nadie pueda impedirnos continuar en otra dirección.

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